Dispatches

Padre Nuestro

La Voluntad Perfecta de Dios: Regocijándose en Su Señorío

María era una joven judía comprometida para casarse. En su tiempo y la sociedad donde vivió hablar de matrimonio fue siempre un asunto muy serio. No era una relación informal entre dos personas que decidían iniciar “algo.” Cuando un joven decidía casarse, iba con su padre a casa de la novia para celebrar un contrato o convenio matrimonial. No sólo se empeñaba la palabra, sino el honor y la dote que había que entregar para sellar el convenio. José seguramente lo hizo, como cualquier otro judío que deseaba casarse. 

Desde el momento del acuerdo, María quedó comprometida bajo la promesa de guardarse exclusivamente para José. Legalmente estaba casada, pero, de acuerdo con las costumbres de su pueblo, todavía no se habían cumplido todas las etapas antes de marcharse con José para consumar la unión. Pero un día, cuando menos lo esperaba, María quedó embarazada  por voluntad de Dios. 

Cuando el ángel Gabriel visitó a María y le dio la “buena nueva,” su primera reacción fue obvia: “¿Cómo va a ocurrir eso? Porque yo soy virgen.” (Lucas 1:34) Lo que el ángel le dice no tiene precedentes: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Así que al santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios.”(Lucas 1:35) María reacciona con una respuesta que es un ejemplo extraordinario de sumisión a la voluntad de Dios: “Aquí tienes a la sierva del Señor. Que él haga conmigo como me has dicho.” (Lucas 1:38)

María fue una mujer valiente, con gran fe, y temerosa de Dios. Ella sabía bien a lo que debía enfrentarse cuando su embarazo se hiciera evidente. ¿Qué explicación daría? ¿Quién iba a creerle? ¿Qué pensarían los vecinos? ¿A dónde iría a parar su reputación? ¿Cuál sería la reacción de José? ¿La abandonaría? Imagino que, al saberlo, José se sintió burlado, traicionado. 

De modo que, aunque María pudo haber experimentado todo eso, ella sabía que la voluntad de Dios es perfecta; y si a Él le agradaba usarla de ese modo, eso también sería bueno para ella. De hecho, algo mucho mejor que bueno; sería un gran honor, y eso produjo un gozo indescriptible en el corazón de María. 

Entonces dijo María: Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, porque se ha dignado fijarse en su humilde sierva. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho grandes cosas por mí. ¡Santo es su nombre! (Lucas 1:46-49)

¿Te gustaría, como María, ser un ejemplo de obediencia a la voluntad de Dios? Quizás no aparezcas en la primera plana de los periódicos más importantes, ni como el personaje del año de una revista famosa; pero puedes ser un ejemplo de obediencia a Dios para tu familia, tus amigos y vecinos, tus compañeros de trabajo o de escuela, para tus hermanos en la fe. Imagina a Dios ufanándose de ti como lo hizo en el pasado con Job: “¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” (Job 1:8 VRV, 1960)

Recuerda, la voluntad de Dios siempre es buena. Obedecerla trae su recompensa. La biblia dice que “el mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” (I Juan 2:17) 

Capitán Alan J. González es oficial del cuerpo en Winston Salem, Carolina del Norte. Extractos del libro, The Lord’s Prayer Disponible en Amazon.com

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