Dispatches

Padre Nuestro

La Cultura del Reino de Dios

Todos nacemos dentro de un determinado contexto cultural e inevitablemente tenemos un marco de referencia espiritual, psicológico, y social que son el conjunto de creencias, costumbres y demás elementos que conforman nuestro entorno. Tenemos la tendencia a ser el reflejo de la cultura donde crecemos. 

En ese sentido, pongámonos por un momento en lugar de cualquier judío de la época de Jesús. Supongamos que estamos allí cuando Jesús comenzó su enseñanza sobre la oración; nos sentimos ansiosos, hasta que finalmente le escuchamos decir: “Cuando oren digan... Padre nuestro”. Debido a nuestra cultura judía, quizás pensaríamos: “Un momento, nosotros no estamos acostumbrados a orar así. Moisés no oró así, tampoco Samuel, Elías, David, ni siquiera Isaías”.

Todo judío estudiaba desde niño los libros de Moisés. Allí aprendían que cuando Dios se reveló al pueblo de Israel hizo terribles demostraciones de poder. El primer encuentro de Moisés con Dios ocurrió en el Desierto de Sinaí; Dios lo llamó desde una zarza ardiente y le dio una misión que parecía imposible, liberar a los israelitas de la esclavitud en Egipto. Lo que siguió fue una serie de extraordinarios—y a veces terribles—milagros a través de los cuales Dios mostró el amor por su pueblo, su ira contra el rey de Egipto, y todo el que se opuso a ellos. En los escritos de Moisés se muestra a Dios como todopoderoso, alguien a quien todos deben someterse; que recompensa la obediencia y castiga severamente la desobediencia.

Bajo la Ley de Moisés, el sacerdote desempeñaba un rol determinante en cuanto a la relación con Dios. La mediación entre hombre y Dios efectuada por sacerdotes y profetas despersonalizaba esa relación; y aunque se dan casos en los cuales algunos individuos tuvieron tratos especiales con Dios, no era la norma. En la mente colectiva judía, una relación directa y personal con el Padre celestial no era habitual. 

No obstante, Dios expresa, repetidamente, una ternura inigualable hacia los israelitas. Ese amor resulta de Su relación tan cercana con Abraham. Dios llamó a la nación de Israel, “mi primogénito” (Éxodo 4:22). Aunque los israelitas fueron infieles al pacto con Dios—y sufrieron las consecuencias—Dios permaneció fiel y no los abandonó.

Hubo tiempos cuando pensaron que Dios ya los había olvidado; sin embargo, Dios les da, a través del profeta Isaías, un mensaje que refleja su compromiso con todos a quienes ama: “Pero ¿acaso una madre olvida o deja de amar a su propio hijo? Pues aunque ella lo olvide, yo no te olvidaré”. (Isaías 49:15, DHH)

La enseñanza de Jesús sobre la oración, como muchas otras, difería radicalmente de las expectativas culturales de sus oyentes. La imagen de Dios que Él nos presenta no es la de un ser lejano, temible, al que solamente unos pocos escogidos pueden acercarse. En el Tabernáculo—posteriormente reemplazado por el templo—una cortina impedía el acceso al Lugar Santísimo. Únicamente el Sumo Sacerdote, podía entrar una vez al año. Pero Jesús vino a cambiar todo eso, a remover la cortina, y abrir un “camino vivo y nuevo” hacia la presencia de Dios (Hebreos 10:20), ofreciendo acceso libre, franco, como el que tiene un hijo cuando se acerca a su padre. (Hebreos 4:16, BDLA)

En Jesús se nos anima a todos a acercarnos “con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna”. (Hebreos 4:16, BDLA) En la cultura del Reino de Dios, el énfasis no es tanto en un Dios autoritario que es “fuego consumidor” (Deuteronomio 4:24) sino en un Dios compasivo que “es amor” (I Juan 4:16). 

Capitán Alan J. González es oficial del cuerpo en Winston Salem, Carolina del Norte. Extractos del libro, The Lord’s Prayer Disponible en Amazon.com

Subscribe

Thanks for reading the War Cry. If you share your email address with us, we’ll let you know when our next issue is published.

Already a subscriber? Login.
Would you like the War Cry delivered to your door?
Subscribe in print.

Next story